lunes, 16 de diciembre de 2019

Ansiedad

Su cara era de fastidio, después de correr una gran parte del trayecto, cada vez soy más fuerte, pero también débil.

No veo cómo hacerlo, cambiarlo. Ayer me dejé llevar por el fuego que ardía en mis venas. Desde que lo conozco el alcohol es su singular compañera, y me dejé llevar, y la dejé quedarse, también me seduce, a veces pareciera que yo soy la otra, quien mal aconseja para no seguir frecuentándola, para separarse de ella, y en mi cabeza salgo corriendo, lo hago tan fuerte, tan ágil, que me cuesta trabajo darme cuenta de que sigo aquí.

Lo niego y negué tantas veces, que me sentí estúpida al decirlo. Ayer le dije que no soy feliz, que me duele el corazón verlo embriagarse y no parar, que quise salvarlo aún sabiendo que es imposible, no es mi misión, que lo amo con todo mi corazón pero el nunca será la persona que necesito en mi vida. He renunciado a tantas cosas que estoy cansada, sin ganas de vivir, que soy fuerte pero necesito alejarme de él.



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