Apareció un buen día, así como si nada, una noche fría de diciembre, canto por primera vez en su ventana.
Atravesaba un momento de ansiedad, de locura, de amor; y él me hizo olvidarlo todo con la simple magia de hacerme sonreír. Parecía perfecto, seguro, amable…confiable. De pronto le entregue mi corazón sin condiciones, sin nada a cambio, por un poco de magia.
Así paso el tiempo, aparecía, cantaba, silbaba de tal manera que me sentía feliz, me hacia sentir especial, la única en su vida, tenia mi corazón y yo no escatimaba en él, lo era todo para mi, todo el tiempo, todos los días, que comiera de mi mano, que volara junto de mi, que me protegiera del miedo y de mi misma, lo amaba tanto que un segundo lejos de mi era una eternidad, así que decidí enjaularlo.
Nunca estuvo totalmente convencido, pero acepto entrar a la jaula, era feliz pero no como antes, yo si, estaba siempre ahí. Me convencía que le agradaba y que agradecía todo lo que hacia por él, alimentarlo, bañarlo, cuidarlo cuando enfermaba, amarlo demasiado.
Con el paso del tiempo aprendió a escapar ocasionalmente de la jaula, parecía que intuía esas oleadas de tristeza, yo lo buscaba, necesitaba de él, de su canto, de su amor, de su magia… pero no aparecía, se lo tragaba la obscura noche. Lloraba de impotencia, yo no podía volar, no encontraba la manera de levantarme, mi cuerpo es pesado, a pesar de ser tan pequeñita, solo quería volar a su lado, cantar como el, volar, añoraba tener esa magia.
Regresaba a la jaula cansado, sediento, hambriento y con esas terribles ganas de colarse en mis sueños, yo lo aceptaba, lo extrañaba más que nunca, no percibía la vida sin su presencia, los sueños eran imposibles y sin duda no había magia.
Hubo un tiempo donde aprendimos a vivir así, el mentía, yo lo negaba en mi cabeza, era dueño de mi corazón él no puede hacerme esto, sabe que lo amo. Yo misma abría la jaula, esperando que no volviera, que con el paso del tiempo decidiera si quería vivir conmigo, volver a viajar, que no hubiera barrera alguna, ser libres, ser uno mismo, pero le gustaba la obscuridad, cada vez la disfrutaba mas.
No había poder alguno de hacerlo volver, mi corazón lo olvidaba en la jaula y salía a explorar desde lo alto, daba vueltas en el aire, no quería regresar nunca más y lo comprendí. Recordé como llego a mi ventana, como lo encerré en una jaula cuando él no es de nadie, solo es para si mismo y aunque le haya dado mi corazón, el no lo necesita, ya tiene uno.
Ahora solo tengo que sanarlo, cuidarlo y vivir por él, por que sé que esa magia que sentía, está aquí dentro, cubierta de ramas, de ese nido que hice para él. Está aquí dentro, la magia era simplemente, lo que se pegaba de mi cuerpo a sus alas.